El Torbe va por sus caramelos y termina llevándose a la vendedora completa. La morena tiene las chichis y una actitud de quien no se asusta fácil. Un par de frases y ya están en lo suyo.
Primero se la mama despacio, mirándolo de vez en cuando. Después él la pone de a cuatro y ahí recién se suelta: chilla, pide más, se le nota que le gusta. Los caramelos quedan tirados en el piso y nadie los mira.
La cogida va con ganas y con ruido. En un momento se escuchan voces afuera, paran un segundo y siguen desde donde lo habían dejado. Cuando corta, ella todavía se está acomodando la ropa.
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