Ella se sienta en el inodoro con la ropa oscura a medias y las piernas de fuera, con el celular tirado en la repisa. El baño es loco, con la puerta trabada y la luz blanca de siempre. Ni un arreglo, todo tal cual está la casa.
Cuando él se acerca, la chola se sube encima y se queda cabalgándolo, agarrada del tanque para no caerse. Las chibolas cogiendo así, apuradas y en cualquier lado, se sienten reales de una. Va subiendo el ritmo de a poco, mirándolo de frente.
Ninguno dice una palabra en todo el rato. Al final paran porque alguien golpea la puerta.
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