La gordita se sienta en el piso con el pelo oscuro suelto y una tela amarrada a la cintura, nada más. El loco se le arrima de pie y en segundos ya está de rodillas entre sus piernas, trabajando de boca sin decir palabra.
Ella se recarga contra la pared, que está tan pelada que cada jadeo suena doble. Abre las piernas, se agarra de sus hombros y a ratos se tuerce de gusto. Nada de producción, puro chapinas xxx en el piso frío. Él mete la lengua, se detiene un segundo a respirar y sigue desde donde lo dejó.
Ella ya tiene la cabeza atrás y los ojos cerrados. Él todavía está ahí abajo cuando la escena corta.
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