La morena entra al cuarto donde está su padrastro y sin decir nada se le agacha enfrente. Le baja el pantalón y empieza a mamársela despacio, mirándolo de vez en cuando. Él no dice nada, solo le pone la mano en la cabeza y la deja hacer.
Después ella se sube encima y empieza a moverse lento, con las ch’utas saltando. El sonido de los cuerpos se mezcla con el ruido de la calle que entra por la ventana. Él la agarra de las caderas y acelera el paso. Ella se muerde el labio y cierra los ojos.
Cuando terminan, ella se levanta, se acomoda la ropa y sale del cuarto como si nada.
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