Dos changos en la cama y sin preámbulo: apenas arranca el video ya están encima de las sábanas azules, cachándose sin apuro. El que tiene los tatuajes se acomoda y se lo trabaja de boca al otro, mirándolo de vez en cuando. En la pieza no se oye nada más que ellos dos, como pasa en cualquier video de celular.
Después cambian de postura. El tatuado se pone boca arriba y el otro se le monta encima, cabalgándolo a todo lo que da mientras la cama golpea la pared. Ninguno dice una palabra en todo el video, solo jadeos. En algún momento suena una tele de fondo, en otro cuarto, y a nadie le importa.
Paran un segundo, como para tomar aire. Luego siguen desde donde lo habían dejado, más rápido que antes. El video corta con los dos todavía en plena tarea, sin corrida ni pose final.
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