Es de las cholitas encendidas que no sueltan aunque la cámara esté encima. La lengua trabaja despacio, de abajo hacia arriba, mientras una mano le sostiene la cara para que no se vaya a ningún lado. Los ojos se le llenan de agua y sigue igual, aguantando la respiración entre saliva.
El cuarto queda oscuro de fondo, apenas se adivinan las manos del otro y nada más. Ella saca la boca un segundo, respira, se pasa la lengua por los labios y vuelve a meterla toda. Lo tiene agarrado de la base con dos dedos, sin desatender ningún detalle. Al final sonríe con la cara mojada y no dice una sola palabra.
También te puede gustar:







