La chibola está sentada con las piernas bien abiertas, sin nada encima salvo un trapito amarillo en la cintura. Se toca despacio, mirando para abajo, y de fondo se ve la tele prendida. Tiene tatuajes en los dos brazos, se le marcan cada vez que baja la mano.
No hay nadie más en el cuarto, ella misma se maneja el ritmo. A veces se detiene un segundo, como respirando, y después sigue desde donde lo dejó. Detrás hay una puerta con carteles pegados, la típica pieza ordenada a medias.
Aquí no hace falta más nadie, entre las chibolas cholitas de este estilo ella sola se basta. El video corta con ella todavía en lo suyo.
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