Fijate nomás esta chola. La graban desde abajo del vestido y ella ni se da cuenta — o hace como que no. La ropa interior a veces está, a veces no. La falda se levanta con cada paso y ahí queda todo al descubierto.
La cámara está quieta, bien escondida. Sin moverse en todo el rato. La imilla camina, se agacha para agarrar algo del piso, se acomoda. En cada movimiento se le ve más. El culo se le marca con cada paso que da.
En un momento ella se detiene, mira para un costado un segundo, y sigue caminando. No se dio cuenta de nada. O tal vez sí.
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