La morena se preparó para que le cogieran por el culo, sin tanta vuelta. Una imilla de las que les gusta probar de todo, sin miedo a lo grande. Otro casero más: se acomodó en cuatro sobre la cama y esperó al loco con paciencia.
Él le metió despacio primero, abriéndola poquito a poco. Ella mordía la almohada para no gritar, agarrándose fuerte de la madera de la cama, y le dolía pero le gustaba. Eso se notaba en cómo se movía.
El chango siguió hasta dejarla bien abierta. Cuando terminó, ella se quedó boca abajo un rato, sin moverse, respirando fuerte contra las sábanas.
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