Liza no se calma. Está en chichis sobre el sofá rosado de la sala, con las medias negras puestas, y no piensa quitárselas. El loco tatuado la agarra de la cintura y se la mete de a poco, pero ella es la que manda: se sube encima, cabalga sin apuro y lo mira de frente.
Después se pasa de a cuatro en el cojín rojo, agarrada del respaldo, mientras él le da cada vez más fuerte. El sillón cruje con cada embestida y a ninguno le importa, el control de la tele sigue perdido entre los cojines. Nada de estudio, puro cholitas xxx casero grabado ahí mismo. Ella se toca mientras la cogen, hasta que se tuerce de gusto. Él acaba sobre su poto y ella se queda recostada, con las medias todavía puestas.
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